lunes, 28 de marzo de 2016

Hacer crack.



Hacer crack, romper cada baldosa de la escalera hacia la habitación,
evitar las despedidas, enjuagarse con la rubia a destiempo,
quedarte con las botas en el lodo, aterrizar en una ciénaga,
volar desde el cálculo sensato a paraísos humanizados.

Abrir la nevera, llenarla de familia, romper el espejo a 1000 kilómetros,
cerrar la puerta de un portazo, trasladarse al zaguán de macetas,
vivir con el alma en una cama y dormir  con la cabeza en una nómina,
resucitar desnudo, en un colchón completo ya de hipotecas.


Derrapar en tierra mojada, salpicar de barro vidas de nadie,
correr sin mirar atrás por la vereda de los sueños perdidos,
detener el tiempo en un instante, reparar el motor en urgencias,
sacudir el polvo del trastero al viento, con el ceño fruncido.

Vomitar cada verso por el retrete, tirar de la cadena sin miedo.
Despedir el invierno con la cazadora  empapada de lluvia,
caminar despacio, mirar abajo a la salida de los aeropuertos.
Guardar en los bolsillos las llaves que cierran todas las cerraduras.


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